Ahora


Sentada, con los ojos en la pantalla, y de reojo veo mis dedos moverse por el teclado, como avanzan y retroceden con cada error, veo la punta de las zapatillas por encima del portátil, el abrigo de la nieve esta sobre el respaldo de la silla, debe llevar ahí dos o tres días, hoy no hubiera estado de mas llevarlo, pero soy algo caótica y avanzo sin pensar y por tanto se me olvidan las cosas, estoy sentada en una de las sillas del salón, una de esas sillas de madera con aire de ser de lujo, de madera oscura y una tapicería granate que un recuerdo cuando junto con mi madre elegimos este diseño pues era el mas sobrio dentro de aquel almacén al que nos llevo papa porque conocía al hombre que lo iba a hacer, (que raro papa conociendo a alguien), pues eso estoy aquí sentada con el pelo medio liso y con una raya al lado aleatoria, de esas que te haces con la mano para quitarte la raya al medio que tienes de fábrica, con el pelo de lado para sentirme mas sexi, y como complemento ideal mis gafas negras, negras de pasta con unos dibujos de Tous en plateado y algo que se quiere hacer pasar por nácar, son mis gafas preferidas pese a tener 4 pares, con estas me siento total, y si digo total, porque se junta todo la sensualidad con la inteligencia y todo sobre una base de confianza como si las gafas me dieran un escudo para poder luchar con todo y dejando de lado las gafas llega mi parte favorita, el kimono, uno negro sencillo pero suave, tanto que cuando se roza por mi pezón, perforado recientemente como acto de valentía e intento de quererme más,  es suave y agradable, es de manga de tres cuartos(creo que se llama así), corto y con un cinturón echo lazo para cerrarlo, porque debajo de él, no hay nada, solo mi cuerpo, un cuerpo que hay días que quiero y días que odio, y hoy, ahora con este kimono, las gafas y el ordenador sobre mis piernas, me gusta, me gusto.

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